
La relación entre República Dominicana y Estados Unidos atraviesa una etapa de creciente profundidad «estratégica», mediante acuerdos, facilidades operativas y coincidencias políticas que van más allá de la tradicional relación diplomática entre ambos países.
Temas como seguridad, narcotráfico, migración, cooperación militar, energía y política internacional forman parte de una agenda en la que Washington ha incrementado su presencia y en la que el Gobierno dominicano ha definido a Estados Unidos como un socio fundamental.
Ejemplo de esto es que, en noviembre de 2025, República Dominicana anunció que permitiría a Estados Unidos utilizar de manera provisional áreas restringidas del Aeropuerto Internacional de Las Américas y de la Base Aérea de San Isidro para apoyar operaciones contra el narcotráfico vinculadas a la operación Lanza del Sur, una cooperación que posteriormente fue extendida.
Más recientemente, en septiembre de 2026, ambos países suscribieron además la Declaración de Ginebra sobre el fomento de la salud de las mujeres y el fortalecimiento de la familia, mientras Santo Domingo ha profundizado su participación en iniciativas de seguridad impulsadas por Washington y comenzó a poner en práctica un acuerdo migratorio que permite el traslado temporal a territorio dominicano de nacionales de terceros países deportados desde Estados Unidos.
Honduras, Ecuador y Colombia, donde la relación con Washington ha estado marcada por la cooperación en seguridad, la lucha contra el narcotráfico y otros temas alineados con sus intereses estratégicos, sirven de ejemplos claros. En Honduras, Trump respaldó públicamente al candidato Nasry Asfura y cuestionó a sus rivales durante las elecciones de 2025; mientras que en Colombia hizo lo propio en 2026 con Abelardo De La Espriella, a quien presentó como un aliado para enfrentar el crimen y el narcotráfico. En Ecuador, Trump se reunió con Daniel Noboa apenas dos semanas antes de la segunda vuelta de 2025.
Estos antecedentes, sumados al estrechamiento de la relación estratégica entre Estados Unidos y República Dominicana y a los contactos de la embajadora Leah Campos con figuras del escenario político dominicano, incluidos actores mencionados como potenciales aspirantes presidenciales, permiten plantear una pregunta: ¿está Estados Unidos preparando desde ahora sus relaciones con quienes podrían gobernar el país después de 2028 para preservar sus intereses?
La influencia de Washington en las elecciones de 2028
Aunque para Anthony Almonte Minaya, analista político, la presencia estadounidense en los procesos electorales dominicanos no es un fenómeno nuevo, asegura que Washington tendrá un papel relevante en la definición del escenario político dominicano de los próximos dos años.
Al otro lado del teléfono, Almonte Minaya sostiene que Estados Unidos ha tenido participación en procesos electorales recientes y menciona como ejemplos la llamada de Mike Pompeo durante el gobierno de Danilo Medina y la presencia de Rudolph Giuliani alrededor de la candidatura de Luis Abinader en 2020.
Se trataría entonces, a su juicio, de una tendencia de la que el escenario político de 2028 no estaría al margen.
“Estados Unidos para 2028 va a tener un papel fundamental en lo que se decida políticamente en República Dominicana”, sostiene.
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