12:31 ET (16:31 GMT) 18 de septiembre de 2026
El presidente Donald Trump se encuentra repentinamente enfrentado a los principales ejecutivos del sector de la IA debido al desarrollo, en gran medida sin restricciones, de esta tecnología. Y la razón podría ser que nuestra economía no puede permitirse una desaceleración.
Podría parecer políticamente imprudente —a menos de dos meses de las elecciones de mitad de mandato— adoptar con tanta firmeza una postura que choca con la mayoría de los estadounidenses, quienes se oponen rotundamente a la construcción de centros de datos cerca de sus hogares y desconfían de los usos de la IA. Sin embargo, el enfoque de Trump, que pisa el acelerador a fondo, sugiere que tal vez le preocupe más una cuestión de mayor calado: ¿qué ocurriría con la economía estadounidense si la fiebre de la IA se enfriara durante su mandato?
Existen diversas formas de analizar las cifras sobre el grado de dependencia que la economía de EE.UU. ha desarrollado respecto al gasto en IA (y sectores afines). ING estima que las inversiones tecnológicas centradas en la IA y los centros de datos representarán un tercio del crecimiento económico interanual en 2026. Por su parte, el estratega jefe de renta variable de Goldman Sachs declaró recientemente a la CNBC que la inversión en IA está impulsando la mitad de todo el crecimiento de los beneficios en el índice S&P 500.
Los economistas se apresuran a señalar que estos cálculos siempre conllevan matices. Los partidarios de la IA la consideran la tecnología definitoria de nuestra era y sostienen que los precios estratosféricos de las acciones que genera son solo uno de sus muchos beneficios. Cualquier desaceleración corre el riesgo de revertir dichas valoraciones bursátiles, lo que a su vez perjudicaría el patrimonio de los hogares y reduciría la inversión empresarial. Además, las ganancias en productividad que aporta la IA contribuyen a la estabilidad de la economía estadounidense.
No obstante, hay algo difícil de refutar: sin el frenesí de la IA, la economía se encontraría en una situación mucho más precaria, posiblemente incluso en recesión.
“Si la música se detiene, y lo hace de forma drástica, es probable que acabemos en una situación de estancamiento o de contracción directa durante al menos un año”, declaró a CNN Olu Sonola, director de investigación económica para EE.UU. de Fitch Ratings.
La guinda del pastel, según Sonola, es el “efecto riqueza”. Las personas con carteras de inversión expuestas a la IA se sienten más adineradas y gastan con generosidad, lo que ayuda a sostener la economía estadounidense, fuertemente impulsada por el consumo.
Más allá de las opiniones personales sobre esta tecnología, el capital que fluye hacia ella mantiene en marcha la mayor economía del mundo. Si ese flujo de dinero se estanca, los efectos no se limitarán a los inversores tecnológicos de Wall Street.
La semana pasada, la agencia de calificación Fitch analizó un escenario que contemplaba las consecuencias económicas de una desaceleración vinculada a la inteligencia artificial, en el que los precios de las acciones estadounidenses caerían alrededor de un 35 % en un plazo de seis meses (aproximadamente la mediana de las caídas registradas en crisis financieras anteriores). El resultado indicaba que la economía entraría en recesión, con una contracción del PIB del 1,5 % el próximo año.


